Los días más infelices de nuestras vidas
Zeus Munive
¿quién es Zeus Munive?
Se define así mismo como un anarquista guadalupano. Es un freak en toda la extensión de la palabra.
Fiel seguidor del rock and roll y un gran admirador de Jorge Ibargüengoitia, Zeus es un cuate al que le encanta ver el cine y hacer periodismo. Dice que su más grande deseo es conocer a una mujer extraterrestre que esté bien buena, que no hable y que no coma (se nota que debe ser extraterrestre).
Su trabajo periodístico inició en Radio Oro, posteriormente en el periódico El Universal en su sección de Puebla, posteriormente se fue al periódico Intolerancia en donde se hizo jefe de información y finalmente estuvo en el periódico Cambio en donde laboró como subdirector editorial. Publicó en éste último una columna llamada "Freaks, un clásico de lo grotesco". Actualmente se ostenta como editor general de la REVISTA 360 GRADOS.
Un día, el columnista “X” escribe que el candidato “D” ya no será el bueno.
Todos los grandes políticos de la ciudad “P” se sientan con sus enormes, grasosos y sudados traseros a desayunar y a analizar por qué el columnista “X” descartó al candidato “D”.
Comienzan las grandes disertaciones: “le pagaron para que escribiera eso”. “El columnista es un escriba de “T”. “Es parte de un complot”. “Hay un exagerado sospechosismo (sic) en las intenciones de T”.
Tras haber sudado más su trasero gordo y ceboso por haberlo despositado en las sillas, los grandes políticos de la ciudad “P” sienten que ya hicieron su día.
Resulta que al día siguiente, el columnista “X” escribe que ahora sí se le hizo al candidato “D”, que siempre sí será el bueno.
Los tremendos traseros de los grandes políticos y —¿por qué no?— analistas, vuelven a ser depositados en los asientos mientras discuten sobre qué le pasó a “X” y por qué ahora resulta que “D” sí será el candidato.
Mientras esto ocurre, en otro diario, el “Matutino J” anuncia a ocho columnas: “Traidores se van del W”. Los grandes traseros (que son rascados constantemente) y que analizan lo que pasó con “X” y con “D”, ahora piensan en abordar lo que escribió en su portada el “Matutino J”: “Es que el Matutino J representa a los intereses de T y no a los de D”. “Creo que es un distractor para que la gente no piense más en T”.
Al tercer día, “D” anuncia en una conferencia de prensa que puede renunciar a W si no lo hacen candidato, y aprovecha para hablar mal de T.
El columnista —que se siente el intelectual de “P”— escribe: “Como se los dije anteriormente y cito textualmente mi columna: ‘D no es el bueno’”.
Los traseros enormes vuelven a sentarse en el mismo lugar, como el delincuente que regresa a la escena del crimen, a comentar lo que todos los días analizan el futuro de “D” de “T”, los compromisos de los diarios: “Matutino J”, por ejemplo, o “El Sol de P”, en fin.
Mientras esto se analiza en los diarios y los enormes traseros que son rascados con singular alegría para que el café de las mañanas tome un mejor aroma, a la sociedad de “P” le viene valiendo gorro lo que pasa con “D”, con “T” y con “W”.
Es que el columnista “X” siente que su poder de influencia es tan alto y los enormes traseros sudados y grasosos no tienen otra cosa mejor que hacer, que analizar lo que escribe “X”. Es más, “X” diario lee lo que publica, porque dice que así “está bien informado”.
Pero la sociedad de “P” sigue exactamente igual que hace diez años, es la misma fiesta sólo que con diferentes borrachos: los mismos lamebotas del gobernador; los mismos traseros gordos, sudados y enormes; los mismos diarios con los mismos columnistas; la misma porquería todos los malditos y patéticos días.
Y todos los columnistas como “X” se debaten entre la vida y la muerte, si es que “D” o “T” o “M” o quien sea será el candidato, cuando en el fondo siempre ha valido gorro, porque lo que escriben es de autoconsumo.
Y porque lo que plantean siempre lo han planteado, sólo es un ejemplo más de los días más felices de nuestras vidas.